Noviembre de 2006, día 09

Dijo Mark Twain que la felicidad consistía en tener buena salud y mala memoria, es por ello que podríamos considerar la escritura de un diario como un acto de masoquismo, una especie de autolesión, un suicidio literario; recordar lo que nos ocurre es la mayor de las veces un acto doloroso (exceptuando cuando a la memoria te viene un amigo que siempre lo pasaba peor que tú), así que no sé exactamente porque voy a hacer esto, supongo que siempre he sido poco reflexivo y con cierta tendencia peligrosa a dañarme con la escritura. Pero bueno, aquí estoy, en plan Bridget Jones pero con la vida sentimental menos revuelta que el personaje de la Fielding.  

Empezaré esta aventura el noveno día de noviembre. Llego a Sevilla a primera hora de la mañana, acompañado por el coproductor de Pobre Juventud. Vamos para el hotel, allí esperamos a que lleguen Roberto Hoyas y Julián González. Han cogido el ave de las 7.30 de la mañana. No los veo desde Mayo, cuando fuimos al Festival de Peñíscola a presentar la película. Luego tiramos para un bar y desayunamos mientras nos echamos unas sanas risas y les enseño el cartel definitivo de la película. Les gusta y me piden que les entregue dos firmados por mí. Así que llamo a una de mis hermanas y le digo que se traiga dos posters de la película cuando venga al estreno por la tarde, que están en mi casa, allí amontonados, esperando viajar hasta las oficinas de la distribuidora.

Caminamos hasta el lugar donde se llevará a cabo la rueda de prensa. Hemos preparado un dvd con varias escenas de la película y el tráiler para echárselo a la prensa antes de las preguntas, así más o menos sabrán de qué va la peli. Accedemos a que nos hagan algunas entrevistas para la televisión antes de la rueda de prensa oficial. No sé porque pero me pongo de un serio que cualquiera diría que hasta parezco un director de cine. Supongo que sería por la hora temprana o el ambiente adulto que reinaba en la sala.

Poco después la rueda de prensa. Roberto, que ve por primera vez el trailer, me comenta que está muy bien. Yo le digo que es para lo único que sirvo, para montar tráileres. Así que desde aquí ofrezco mis servicios. Si tienes alguna peli que no sabes bien como vender en dos minutos, pásamela, conseguiré que la gente crea que es una chulísima peli norteamericana.

Allí, en la mesa, frente a los periodistas, nos encontramos el productor de Pobre Juventud, Julián, Roberto, Enrique Sánchez (de Los Escarabajos S.L), Emilio Aragón (director del Area Institucional de   la Obra Social de la Caja San Fernando) y este humilde servidor, que está como loco por beber agua pero teme coger la jarra y echársela en el vaso, pues sabe que va a derramar gran parte sobre la mesa, consiguiendo sentirse como una mierda el resto del día, por lo que decido seguir con sed.

La rueda de prensa entra dentro de los cánones más típicos y respondemos lo mejor que sabemos o podemos a las preguntas que nos formulan. Roberto me comenta mientras tanto que le gustan mis respuestas, pero lo cierto es que yo prefiero mil veces como contesta él o cualquiera de los que me acompañan. Al finalizar, en un ambiente distendido, Emilio y Silvia (su secretaria) nos ofrecen un paseo por las instalaciones y nos brindan regalos y anécdotas. Son gente simpática y agradable. Emilio es de Cádiz y apasionado de los carnavales, así que, en broma, nos estamos picando, no pudiendo ocultar la rivalidad entre las dos ciudades y, sobre todo, entre los equipos de fútbol, aunque claro, llevo las de ganar porque el Xérez está líder y el Cádiz roza el descenso.

Acabado el acto decidimos ir a almorzar, tapeando por allí y por acá. Lo más curioso es lo que ya viví durante el rodaje: todo el mundo mira a Julián y Roberto. Es raro que alguien no les conozca (y eso que el aspecto físico de Roberto ha cambiado bastante desde su aparición televisiva). Yo, sinceramente, no podría vivir así. A mi basta que me mire alguien para quedarme cortado, pero es que a ellos parece que les conoce todo el mundo. Así que ir a su lado tiene su gracia, porque estoy seguro de que podría sacarme un huevo e ir caminando de esa manera por la calle y nadie se percataría de ello, siempre que Roberto y Julián estén a mi lado.

Tras el almuerzo los actores se marchan al hotel para descansar y dormir un poco. Yo me quedo haciendo tiempo caminando por Sevilla y viendo tiendas (cosa aburrida, por cierto), hasta poco antes del estreno, donde regreso al lugar de reunión y ¡por fin! puedo ver a Yolanda, mi novia y colaboradora profesional. Ella se ha venido en coche con mis tres hermanas.

Sólo estoy un poco nervioso, nada tenso. Y la razón de mi nerviosismo es que vamos a proyectar la peli en dvd, así que tengo algo de miedo a que falle la reproducción y se estropee el estreno. Antes hago unas pruebas para dejar la proyección como a mi me gusta y lo único que pido es que me dejen un asiento libre en la parte de arriba del teatro, porque verlo en la platea junto al público es algo más duro de lo que uno se puede llegar a imaginar si la película no está gustando. Digamos que necesito un lugar donde sea fácil ocultarse o escapar. Gracias a Dios lo consigo.

Empiezo a recibir a la gente que llega para ver Pobre Juventud, la mayoría son amigos y gente que participó en la película. Me siento como loco, de un lado para otro, sin poder hablar más de un minuto con alguien. Llegué a sentirme solo, como si yo fuera el único organizador del acto, pero lo cierto es que no fue así, sólo fue una sensación.

Con algo de retraso y después de que Julián tuviera que marcharse porque cogía el ave de las 22h de vuelta a Madrid, caminé hasta el escenario con la intención de “obsequiar” con una breve charla a los allí congregados. Por la tarde me había hecho una chuleta con los temas de los que quería hablar… pero fue un desastre, no dije nada de lo que tenía apuntado y lo peor fue que se me olvidó dedicarle el estreno a mi madre (que no pudo venir porque estaba en un viaje) y a Yolanda. Pero eso sí, la gente se hartó de reír. Dije dos o tres tonterías jocosas, algunos chascarrillos honestos, varias verdades de las que nadie se atreve a decir y el público respondió de maravilla. De hecho, creo que gustó más mi charla que la película. Así que me recomendaron que me dedicara a los monólogos. Creo que va a ser que no, si me hubiera subido al escenario con la intención de hacer reír a la gente no lo habría conseguido, hay cosas que me salen naturales, si las fuerzo meto la pata.

Así que se apagan las luces y empieza la película. Debería terminar este capítulo del diario diciendo que tras la proyección fuimos a un bar a tomar algo y que luego estuvimos andando una hora hasta encontrar el coche que nos llevara de vuelta a casa, cosa que ocurrió a las 3 de la mañana y al día siguiente había que levantarse temprano para viajar hasta Valladolid, donde teníamos otro preestreno y un trayecto de más de 9 horas en tren… pero prefiero darle punto y final cuando me siento al lado de Yolanda, mi amigo Emilio Bernal también está cerca, y la película se está proyectando. Estoy nervioso, me sudan las manos, aún así Yolanda opta por seguir acariciándolas. Sólo quiero que al público le guste y perdone los errores que Pobre Juventud tiene. Luego se escuchan unas risas, pocos después más risas, y continúan durante toda la proyección. Estoy seguro de que a más de uno no le estará gustando, pero me quedo con los aplausos del final y, por encima de todo, con esas risas esporádicas.